Brecha de género: la importancia de la tecnología e inclusión financiera

Según un informe de CEPAL, la pandemia por COVID, que el mundo transitó solo unos meses atrás, provocó un retroceso de 10 años en los avances de las mujeres en el mercado laboral en Latinoamérica y el Caribe. La profundización de las desigualdades y el impacto negativo en su autonomía fueron solo algunos de los efectos que tuvo la pandemia en la vida de millones de mujeres latinoamericanas. El Índice de Paridad Global 2021 del Foro Económico Mundial estima que, a raíz de este suceso, cerrar la brecha de género global tomará una generación más: si antes del COVID eran necesarios más de 99 años, ahora  se  necesitarán  más de 135.  Si se considera el impacto de todos los factores en las brechas de riqueza basadas en género, Argentina es uno de los países más desiguales, con menos del 65% de equidad económica. La brecha de participación económica y de oportunidades en Argentina puntuó 0,635 (siendo 1= paridad y 0=imparidad), por lo que quedó en el puesto 102 de 146 países. Las mujeres ganan, en promedio, 11260 usd menos anualmente que los hombres.

 

 

En cuanto a la participación en el trabajo y puestos de liderazgo, las mujeres solo son dueñas mayoritarias y managers de alto nivel  en un 8% promedio de las firmas.

 

Entre los datos más relevantes, el estudio afirma que las mujeres argentinas pasan el 28% de su día realizando tareas de cuidado no-pagas, mientras que los hombres dedican solo el 9% de su día a las mismas. Esto implica dos cosas: primero, la dificultad evidente de enfrentar la desigualdad de género en los hogares argentinos con una economía en desequilibrio; segundo, la oportunidad inmensa de la tecnología como herramienta para modificar esta realidad junto con las posibilidades que brinda el trabajo remoto.

La oportunidad de las MIPYME y la tecnología

El hecho de que las mujeres pasen más tiempo realizando trabajos no remunerados desde el hogar abre la puerta a la necesidad de crear mayores posibilidades de acceso a herramientas que les permitan educarse desde casa y respondan a lo que es menester: el acceso a Internet y la alfabetización digital tan requerida en el mercado laboral. El apoyo de parte del sector público y privado a la digitalización tanto de la educación como de los emprendimientos es de suma urgencia para incluir a cada vez más mujeres dentro de la actividad laboral remunerada. Poner al alcance de las mujeres educación en herramientas tecnológicas y acceso a dispositivos móviles para poder aprender y trabajar desde casa es una gran oportunidad para todas aquellas que no pueden salir a trabajar o estudiar y deben quedarse en casa al cuidado de sus hijos. En ese sentido, apoyar la creación de emprendimientos y startups digitales, junto con el acceso a créditos para MIPYMEs lideradas por mujeres y la promoción de acuerdos de trabajo flexibles son esenciales para el impulso de la fuerza laboral femenina. Capacitar a las mujeres con especial foco en desarrollar habilidades tecnológicas les abre un amplio abanico de oportunidades dentro de un mercado de trabajo que no para de crecer y que tiene cada vez menos fronteras. La sinergia entre la tecnología, las oportunidades para los emprendedores y el auge del trabajo remoto es un avance clave para dar acceso a más oportunidades de trabajo que se adapten a las necesidades y realidades de las mujeres. 

Inclusión financiera

No solo la digitalización, la flexibilidad y el emprendedurismo son factores importantes en esta nueva ventana de posibilidades que se abren. También la inclusión financiera debe alojarse en el centro de la cuestión. Las mujeres deben, además de tener la oportunidad de generar su propio dinero, poder administrarlo eficientemente. Para esto, la educación en finanzas personales e inversiones es de suma urgencia. Generar, administrar y hacer crecer su dinero les brinda a las mujeres más posibilidades de desarrollo personal, familiar y, sobre todo, les proporciona la libertad de decidir de acuerdo a sus gustos y necesidades.

El desafío

El desafío futuro tanto público como privado es unir las herramientas que están al alcance para responder a necesidades urgentes. La digitalización, la tecnología, el trabajo remoto, la educación a distancia, las herramientas financieras cada vez más cerca de los consumidores, son solo algunos de los factores que brindan la opción de construir soluciones a medida de cada vez más mujeres. Ser “amas de casa” ya no debe significar un estereotipo de imposibilidad o menospreciado. Démosle a las mujeres el acceso a crear su propio futuro sin importar la realidad que les tocó vivir. Pongamos herramientas, educación, acuerdos flexibles de trabajo y oportunidades a su alcance. No solo debemos brindarles a las mujeres la oportunidad de salir a buscar su propio empoderamiento y lugar dentro de un mundo de inequidad, llevemos esa posibilidad a sus hogares. Acortar la distancia entre la potencia y el acto es también acortar la brecha de desigualdad.

 

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